Cosas del amor

La iglesia Nodivursium era reconocida por dedicar­se exclusivamente a formalizar matrimonios en Troke. Lucía una imagen deslumbrante, toda ilu­minada, cada santo muy bien vestido, cada acorde donde era preciso. No se trataba de un capricho de Sole la decisión de casar­se ante los ojos de Dezeus. Nadie en su familia ostentaba estado civil distinto alSigue leyendo «Cosas del amor»

Mala elección

Las autoridades de Errata, ciudad lejana de Troke, publicaron una circular que exigía a los trokianos inventariar todas sus pertenencias y botar todo aquello que no fuera de utilidad so pena de imponerse drásticas sanciones. Una vez separados los desechos, pasaría un carro con los implementos necesarios para realizar el traslado y después quemarlos, destruirlosSigue leyendo «Mala elección»

En casa de herrero

Al entrar en la habitación, el inspector se tropezó con todo un alboroto en la escena del crimen. En la cama había una mezcla de sábanas y cubrecamas. Vasos con bebidas y botellas semivacías poblaban el espacio sobre el suelo. Ropa interior arrojada sin control sobre los muebles. Al fondo, muy bien iluminado, el cuerpoSigue leyendo «En casa de herrero»

Te escribiré, Poesía

Seguiré escribiendopara que tus palabrasnuncaqueden vacías. Para que el brillo de tus ojosnuncapierda ese destello de luzque tienen cuando te miroy me miras. Escribiré en un afánpor recordar tu vozaunque la haga mía. Por hacerte reíren ese mundo en el que te piensoy al que vamos los dospero no voy contigo. Escribiré para no perdermeo,Sigue leyendo «Te escribiré, Poesía»

Conducir con lluvia

Las nubes se separaban de las montañas dejando una estela densa, como si no quisieran desprenderse y algo tirase de ellas con fuerza.   Los limpia parabrisas tenían un ritmo constante.   De fondo, escuchaba tu voz y una melodía.   Se hace cansado conducir bajo la lluvia.   Preferiría relajarme en mi asiento, apartar la vista unos instantes,Sigue leyendo «Conducir con lluvia»

El ánfora

—¡Te castigaré! —gritó Zeus a Prometeo. Y el cielo se cubrió de nubes, los truenos retumbaron, la luz de un rayo iluminó el rostro del titán, el cual permanecía con los ojos muy abiertos, sin explicarse cómo se había descubierto el robo del fuego para regalárselo a los hombres. En la estancia contigua, a PandoraSigue leyendo «El ánfora»