PARÍS, DISTRITO 13 

Por Alejandro L.G.

 Jacques Audiard es un director y guionista francés que a sus casi 70 años ha dirigido un puñado de películas nada desdeñables y ha sido ganador de varios premios. Entre sus películas destacan: “De latir, mi corazón se ha parado” (2005), “Un profeta” (2009) uno de sus mejores films, “De óxido y hueso” (2012) y “Deephan” (2015) con la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes. 



WARNING: A partir de aquí no destripamos la trama, pero si se pretende ir 100% virgen al cine, no sigas leyendo.


 En “París, Distrito 13” Audiard adapta los relatos “Killing and Dying”, “Amber Sweet” y “Hawaiian Getaway” del novelista gráfico Adrian Tomine. El guion está escrito por el propio director junto con Céline Sciamma la directora de “Retrato de una mujer en llamas”, Léa Mysius y Nicolas Livecchi, en este se nos hace una radiografía de un grupo de treintañeros, la llamada generación millennial

 La historia se sitúa dentro del drama romántico con momentos cómicos que rebajan un poco las situaciones que viven los personajes y está rodado en un precioso blanco y negro lleno de contrastes, que recuerda a la nouvelle vague de los años 60 y al “Manhattan” de Woody Allen. 

La película nos sitúa en Les Olympiades, el distrito 13 del título, donde coinciden un multicultural grupo compuesto por Émilie, Camille, Nora y Amber. Émilie es una joven taiwanesa que alquila una habitación para compartir los gastos del piso donde vive, en esta búsqueda conoce a Camille, un joven negro desencantado con su trabajo como profesor sustituto. Más adelante, Camille conocerá a Nora, una joven que se traslada para retomar sus estudios en la Universidad. Nora a su vez conoce por internet a Amber, una actriz porno amateur de la red. Los personajes son retratados con todas sus inseguridades, sus errores, sus imperfecciones y sus defectos. Pero Audiard hace que terminemos empatizando con ellos a pesar de todo, nos identificamos con cada uno de ellos, con su incertidumbre, con sus miedos. Con ellos nos reímos y nos angustiamos ante lo que les sucede. 

Audiard se aleja de sus anteriores películas para hablarnos sobre esta generación millennial. Nos muestra unos jóvenes, preparados, pero sin rumbo, que van a la deriva ante un presente que no les da ninguna seguridad. Los personajes de la película se relacionan entre ellos, tanto social como sexualmente (el director no escatima a la hora de mostrarnos el sexo). Se aman y se desean, pero se niegan al compromiso por ese miedo a un futuro incierto. Aunque no es la mejor película del director, es un relato muy interesante sobre la actual sociedad, más moderna, más abierta, multicultural, pero donde los jóvenes nos sentimos perdidos, donde las nuevas generaciones deambulan en busca de un futuro, de nuestro sitio, de nuestra identidad. 

Lo mejor

Lucie Zhang, como Émilie. 

Lo peor

Sería interesante ver más la evolución de la relación entre Nora y Amber. 

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