El contador de cartas

Una película intensa y atractiva. Paul Schrader, reputado por sus colaboraciones siempre brillantes, con Martin Scorsese, se adentra de nuevo en un mundo que controla, y que maneja con verdadera maestría: el universo del dolor y el tormento, del castigo y/o la redención.

De primeras, para los espectadores que se deleitan con estas historias tortuosas y complicadas, las premisas resultan atractivas. Un filme que trata la vida de un señor de mediana edad, y cómo dedica su tiempo tras salir de prisión a las apuestas.

Taxi Driver, la mítica cinta de Scorsese que relata la vida del conflictivo Travis Bickle, y de la que Schrader fue guionista; o First Reformed, una película (que Schrader dirigió) austera, pero a la vez compleja, que protagoniza de forma extraordinaria Ethan Hawke; son dos obras que podríamos enmarcar junto con El contador de cartas, dentro de una especie de trilogía oscura donde se contempla la conducta humana. Siendo esta última quizá, la que trata la violencia con más delicadeza.

Teniendo en cuenta que las premisas y el tema a tratar, ya son de por sí golosos, pasamos a hablar un poco de esta obra, en la que Oscar Isaac brilla con luz propia.

7/10



WARNING: A partir de aquí no destripamos la trama, pero si se pretende ir 100% virgen al cine, no sigas leyendo.


La película trata la vida de William Tell (Oscar Isaac), un expresidiario que a priori parece huir de un pasado que lo atormenta. En su propio nombre, ya encierra un juego de secretos y de simbolismo, que va a marcar el tono general de la cinta. Schrader nos presenta un personaje metódico y aislado del mundo, que se fija unas pautas muy concretas para conducir su “nueva forma de vida”.

La historia se ve alterada con la aparición de dos personajes que, junto a Tell, van a conformar el triángulo a través del cual gira la trama. Cirk (Tye Sheridan), y La Linda (Tiffany Haddish), inducen al protagonista a sufrir una serie de cambios, que se antojan tan fortuitos, como adecuados. En un guion que va al grano, sin florituras, y no apto para “verosimilistas”.

Schrader hace énfasis en las relaciones humanas, y cómo marcan el ritmo de la vida de Tell. John Gordo (Willem Dafoe), su antiguo jefe, flota en escena de forma etérea. Un hilo conductor invisible, y un recurso acertado al que Dafoe imprime todo su carisma. Las actuaciones en esta película se presentan muy correctas, y Isaac nos ofrece un personaje con infinitos matices. El gran guion se plasma con esos personajes que se van conociendo, y que evolucionan sin prácticamente cambiar un ápice de su forma de ser.

Haddish está particularmente bien escrita, resultando ser: madre, amiga, amante, contratista, un espejo donde reflejarse… y en definitiva un contrapunto magnético a nuestro protagonista.

A nivel visual y sonoro, la película funciona de maravilla y el ritmo, sin llegar a acercarse a un estilo más propio del slow cinema, ni ser especialmente contemplativo, se antoja pausado y nos deja explorar con tranquilidad a los personajes y los escenarios donde se encuentran.

Una película que recomiendo bastante, que he disfrutado mucho, y que me ha dado para horas de reflexión.

Lo mejor

Cómo trata las relaciones humanas.

La forma en la que se muestra la violencia.

Lo peor

El ritmo.

El cierre igual no satisface a todo el mundo.

Publicado por Rita Salazar

Podólogo, cartero y cinéfilo. Guionista, operador, montador y director de: LA CAMARILLA

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