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EL DIABLO VISTE DE PRADA 2 (2026)

Por Alejandro L.G


El director y guionista David Frankel es un director y guionista tanto de cine como de televisión no muy conocido. En televisión ha trabajado en varias series de las que destaca sus trabajos como director en algunos episodios de la serie “Hermanos de sangre” (2001), producida por Steven Spielberg y Tom Hanks, y en “Sexo en Nueva York” (2001-2003), y como guionista de uno de los episodios de “Roma” (2005). Y en cine ha dirigido varias películas de las que destacan las comedias: “El diablo viste de Prada” (2006), “Una pareja de tres” (2008) con Owen Wilson y Jennifer Aniston, “Un gran año” (2001) de nuevo con Wilson y “Si de verdad quieres…” (2012) con Meryl Streep. Ahora regresa a su gran éxito del 2006 con la secuela “El diablo viste de Prada 2”, en la que participa buena parte del reparto original, incluyendo a la icónica Meryl Streep.

En “El diablo viste de Prada 2” vuelve Andy Sachs (Anne Hathaway), quien se ha conseguido labrar una buena reputación en la prensa seria durante las dos décadas que han transcurrido desde la primera entrega, pero el periódico para el que trabaja despide a toda la plantilla por lo que se ve de la noche a la mañana en la calle. Por otro lado, a tenemos la revista Runaway, donde se ven envueltos en una crisis que afecta a su reputación, y el dueño del grupo decide contratar a Andy para salvar la imagen de la revista. Andy se verá obligada a reinventarse profesionalmente cuando regresa a la revista, aunque obviamente no contara con la simpatía de Miranda Priestly (Meryl Streep), su antigua jefa quien personifica la vieja guardia que se resiste a morir, enfrentándose a quienes priorizan la viralidad sobre el periodismo de moda. El guion, de una forma inteligente y afilada hace una sátira de la actualidad de los medios de comunicación asediados por el agresivo relevo generacional en las redacciones actuales. La historia aborda la actual crisis de la prensa tradicional, que lucha por la supervivencia de un periodismo de calidad frente al nuevo modelo digital en el que se antepone la presión por el clickbait; los monopolios mediáticos; la irrupción de los nuevos medios digitales y la utilización de la inteligencia artificial.

“El diablo viste de Prada 2” es un triunfo absoluto que rompe la maldición de las secuelas, y logra conquistar a la prensa y al público. David Frankel y la guionista Aline Brosh McKenna regresan demostrando que en las dos décadas transcurridas han afilado más a sus personajes. La película se aleja ingeniosamente de trampa de la nostalgia y utiliza la cinta original como un trampolín para hacer una radiografía contemporánea de ese mundo. Esto hace que el conjunto sea mucho más atractivo que en la primera, que a nivel argumental resultaba un poco más simple. Aunque tira de mala leche lanzando críticas por varios frentes, incluyendo una sátira a Jeff Bezos y su esposa con los personajes de Emily Blunt y Justin Theroux quien interpreta a un multimillonario caprichoso, Benji Barnes, la película es un producto muy comercial sin muchas pretensiones más allá de entretener al espectador y dejar un buen sabor de boca al final.

Como en la primera entrega, la química entre las tres protagonistas de la original sigue presente y los personajes siguen siendo consistentes. Meryl Streep es de nuevo el centro del espectáculo, y vuelve a hipnotizar como la soberbia, fría y altiva Miranda Priestly. Anne Hathaway, aunque queda muy por debajo, hace un buen trabajo con la evolución de su personaje, que ya no es aquella asistente desvalida, sino una profesional mucho más segura. Y Emily Blunt sigue divertidísima, ahora como una implacable ejecutiva cuyas réplicas y puñaladas verbales junto con sus compañeras son geniales. Acompañándolas tenemos al carismático Stanley Tucci que sigue como el leal Nigel. Visualmente, la película es un caramelo, con un despliegue de alta costura que gustará a los entendidos y su diseño de producción y de vestuario vuelven a ser una auténtica delicia visual para los amantes de la moda con cameos (incluyendo uno de Lady Gaga) y referencias actuales a diseñadores contemporáneos.

A nivel cinematográfico la película no es nada del otro mundo, pero cumple con creces las expectativas de los fans. El filme mantiene intacta la esencia que cautivó al público en 2006, sigue funcionando y se hace muy amena. Para mi gusto incluso más que la de 2006.


Nota personal: 6/10.

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