Soul

Soul (2020) es una película de animación producida por Pixar Animation Studios y Walt Disney Pictures, con dirección y guion de Pete Docter y Kemp Powers. Sin lugar a dudas, Soul ha sido una de las apuestas más arriesgadas de la compañía hasta la fecha, pues a pesar de haber estado respaldada con un sello más que notorio, el largometraje puede presentar temas de difícil interpretación para el público más joven. Por otra parte, también cabría destacar la banda sonora de la película (compuesta por Trent Reznor, Jon Batiste y Atticus Ross), una música sin grandes cambios melódicos o voces famosas y conocidas; por el contrario, pues la idea es en todo momento un viaje a lo cotidiano, a lo sencillo, al día a día.

La película narra la historia de un profesor de jazz, Joe Gardner (interpretado por Jamie Foxx), cuyo sueño de convertirse en músico profesional se ha visto truncado por los devenires de la vida. En este punto, es interesante la presentación del personaje, pues aparece como un hombre atrapado en una rutina que nunca quiso, y que se siente fracasado porque la vida que soñó durante años no se ha materializado.

¿Pero qué intenta transmitir Soul? Pixar propone una apuesta cargada de filosofía, y pone en manifiesto la belleza de la vida tal y como es; una vida que se nos entrega como regalo, y que debe ser valorada en su inmensa complejidad. La muerte también forma parte de esta idea, por lo que, a los pocos minutos de filme, nos presentan un mundo en el “más allá”, que sirve para entregar al espectador una visión alegórica más detallada de cómo funcionan las almas humanas (como ya ocurrió en Inside Out con las emociones). Aquí, la relación de Joe con 22 (un alma sin cuerpo, interpretada por Tina Fey), servirá como nexo para discurrir sobre varias dimensiones vitales del ser humano.

Como ya mencionamos arriba, el personaje de Joe se siente un fracasado por no haber podido realizar su sueño. La historia nos hace ver poco a poco que este sueño le esclaviza (aunque él no sea consciente). Vive con la convicción de que alcanzar ese sueño hará que toda su vida merezca la pena, pues sienta como dogma que los humanos solo se realizan cuando materializan su propósito vital. Así, Joe intenta enseñar a 22 que toda alma humana debe vivir con un propósito o “chispa”. A partir de este punto, 22 intentará buscar esa chispa que la haga única, pero se frustrará al no ser capaz de encontrar nada que le haga destacar sobre el resto, y acabará sumida en una espiral de sufrimiento de la que Joe tendrá que salvarla.

¿Es realmente necesario un propósito vital? ¿No es esa idea un lastre para nuestra “alma”? ¿No valemos nada sin un sueño que cumplir? ¿Nuestro valor humano solo existe si cumplimos nuestro sueño? Según Pixar, esos sueños que no alcanzamos nos esclavizan, y hacen que olvidemos disfrutar todo lo que nos presenta la vida. Y no solo eso, también pone en manifiesto el valor del ser humano reducido a un sueño (como cree Joe durante todo el filme); sin embargo, si esto fuera así, no valdríamos nada por lo que somos, y vivir con esa idea también puede ser peligroso. La película nos deja, además, un sinfín de preguntas con perspectivas vitalistas y existencialistas a partes iguales «¿vale la pena morir por haber vivido? Dicen que todos nacemos para hacer algo, pero ¿cómo averiguas qué es ese algo? ¿Y si eliges lo que no debes, o lo de otra persona?».

Ya como broche, el filme presenta una de las escenas que hace que por fin el espectador conecte con todas estas ideas vitales que se han ido desarrollando a través de la película. Joe logra su sueño de tocar con una famosa cantante de Jazz, pero se da cuenta de que la felicidad ha sido momentánea, descubre que la felicidad no es un estado, y que, por lo tanto, la realización de su alma no puede darse a través de la felicidad de haber cumplido su sueño. Joe mantiene una conversación brillante con Dorothea Williams (Angela Bassett), que le hace ver que a veces no somos capaces de ver lo maravilloso que es algo, aunque lo tengamos en frente, que no valoramos las cosas cuando nos acostumbramos a ellas, que siempre esperamos y vivimos en base a expectativas sin pensar que quizá con lo que tengamos ya es suficiente.

«¿El océano? Estás en él ahora mismo.»

Para finalizar la reseña, y a modo breve de conclusión y valoración personal, me gustaría destacar la magia de la película en los detalles: las charlas con el barbero, la luz a través de las ventanas, la reconciliación con una madre, presenciar los progresos de tu alumno gracias a su trabajo y al tuyo propio, o una hoja que cae lentamente de un árbol. Es una película que regala momentos a solas, nos da tiempo para que reflexionemos sobre la belleza que estamos presenciando y cómo lo más sencillo es a veces lo único que importa.

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