Se deslizan las gotas de agua
por los cristales
como se deslizarían mis besos
por los recovecos de tu cuerpo.

Y aprieta el frío,
atrapando mi respiración
en ese vaho denso
que me permite dibujar tu nombre.

Miro,
más allá de la Ciudad,
cómo florecen diminutas luces en el cielo
tras la puesta de sol.

Siento un beso apagado en mis labios.

Es extraño pero
siempre parece que llueve de más
cuanto más te echo de menos.

Publicado por Antonio J. Ramírez Pedrosa

Escritor de silencios. Formado en el oscuro mundo de las matemáticas. Loco de atar.

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