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BEETLEJUICE, BEETLEJUICE (2024)

Por Alejandro L.G

Uno de los autores cuyo estilo es más reconocible e icónico en el Hollywood actual es el del polifacético Tim Burton: director de cine, productor, guionista, dibujante, escritor y animador. Tras iniciarse en el mundo del cortometraje con trabajos como “Vincent” (1982) y “Frankenweenie” (1984) en los que ya dejaba entrever su peculiar mundo interior, debutó en el largo con “La gran aventura de Pee-Wee” (1987) a la que siguió “Beetlejuice” (1988), “Eduardo manostijeras“ (1990), “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005) o la trilogía de Batman que protagonizó Michael Keaton, sin olvidar sus obras maestras como “Ed Wood” (1994) y “Big fish” (2003). Burton mostró desde sus inicios su interés en los efectos especiales y la técnica stop motion, con la que realizó algunos de sus trabajos, como las películas de animación “Pesadilla antes de Navidad” (1993) nominada al Oscar a Mejores efectos visuales, “La novia cadáver” (2005) y “Frankenweenie” (2012), ambas nominadas al Óscar a la mejor película de animación. En los últimos años, junto a la compañía Disney, ha ido encadenando varios fracasos tanto de crítica como de público, pero en el año 2022, en este caso bajo el sello Netflix, crea la serie de TV “Miercoles” (del personaje de la Familia Addams) que fue todo un éxito y parece que le cargó las pilas para ahora volver con un nuevo filme, “Beetlejuice, Beetlejuice” la continuación de uno de sus primeros trabajos aprovechando la moda en la industria actual de recuperar los años 80.

Como en la primera historia, el argumento es muy breve, si nuestro protagonista en aquella tenía la misión espantar a los compradores de una casa victoriana, en esta nueva aventura tenemos a tres de las mujeres de la familia Deetz (Catherine O’Hara y Winona Ryder que ya salieron en la primera entrega, y a las que se une Jenna Ortega interpretando a la hija de la segunda) que regresan a la casa Winter River tras un trágico suceso, lo que provoca que todo vuelva a empezar. Si en la primera atizaba a la especulación urbanística, aquí va a por el sensacionalismo televisivo, los reality shows que intentan sacar filón de cualquier cosa.

En esta nueva aventura de su legendario personaje, Burton no se toma muy en serio la historia, lo cual juega a favor de la cinta, lo que evita que estemos ante otra secuela más de las que terminan cayendo en lo místico e inventando un relato nuevo con tal de ampliar la leyenda y atraer nuevos seguidores. Burton aquí juega con la nostalgia, pero también con el reconocimiento de una película que fue fundacional, en la que ya mostró el gran talento de un autor que creó un universo propio desde cero hace ya 35 años. Un universo que se fue expandiendo a lo largo de sus siguientes filmes durante la década de los 90, e incluso en los primeros años de los 2000. Así, “Bitelchús, Bitelchús” hace casi lo mismo que la primera entrega, repite buena parte de sus personajes (y de su elenco entre los que se encuentra de nuevo Michael Keaton en el papel de Beetlejuice) y de sus criaturas, incluso se permite algún que otro chiste, y lo más importante, no traiciona el espíritu de su propia obra, una locura siniestra, perfectamente calculada, llena de imaginación y muy entretenida. No nos vamos a engañar, la película también tiene sus defectos, alguna trama está metida con calzador, como la de Mónica Bellucci, pero Burton lo sabe compensar con toda la puesta en escena alrededor (solo la presentación de su personaje es una auténtica maravilla visual al igual que la del tren con música soul) por lo que poco importa los sinsentidos ante toda la energía que desprende un filme que aprovecha también para lanzar dardos envenenados a Disney, a los falsos aliados, al arte contemporáneo, a los influencers.

Con Bitelchús resucita Burton y su talento con una secuela muy divertida, que revosa cine ochentero, con la que vuelve a sus orígenes, a su característico estilo gótico, a lo onírico y su peculiar humor para ofrecer una digna continuación que recupera al Tim Burton que más nos gusta y que se creía perdido. Como no, unos de los puntos fuertes es el apartado técnico. Aquí también vuelve a recurrir a los efectos visuales en vez de tirar por el CGI (que no siempre queda tan vistoso como debería). Hay incluso secuencias realizadas en stop motion, y una dirección artística como las de antaño, que sale de la mente de su creador sin dudarlo y apuesta en los decorados por la artesanía, lo que en mi opinión queda mucho más realista y le da un punto extra.

Un blockbuster ideal para una agradable sesión palomitera que nos devuelve al Burton de siempre y que te hará sonreír y disfrutar desde el principio con la característica música, a mano de nuevo de Danny Elfman.

Nota personal: 6/10.

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