Lo que no se ve en el paisaje

Cuando veo un paisaje, por primera vez, me dejo llevar por los detalles de aquello que veo… Sin embargo, cuando vuelvo a recordar ese paisaje, ya no recuerdo lo que vi.

Recuerdo con más fuerza lo que no vi.

Recuerdo tu voz, paseando por los jardines de la Alhambra. El sonido del agua que cae desde una fuente que no alcanzamos a ver. Recuerdo la sensación al pisar todas aquellas hojas secas que ocultaban, completamente, el suelo de piedra. Y el tiempo que nos llevó tomar una sola foto que nos gustara a ambos.

También recuerdo la expresión en tu rostro cuando vimos todo París desde la segunda pasarela de la Torre Eiffel, la sensación en el estómago cuando mirábamos a la gente diminuta que esperaba para subir a través de un cristal bajo nuestros pies.

Recuerdo un castillo de fantasía en Disneyland en el que escucho el eco de tu risa.

Desde la azotea de mi casa, recuerdo las noches perdidas imaginando lo que podría ver, mirando a las estrellas.

Recuerdo las risas resonando por las calles de Madrid, la lluvia que nos acompañaba. Todos los posibles mundos que podrían surgir a cada paso. 

Una boca de metro llena de gente. 

Un paseo improvisado por el Parque del Retiro, inventando las vidas de esos personajes históricos que nos encontrábamos a cada lado.

Os recuerdo a vosotros, los que estabais conmigo cuando vi aquellas imágenes. Recuerdo el sonido de cada momento. 

Su silencio también.

Publicado por Antonio J. Ramírez Pedrosa

Creador y promotor de Un cuaderno en blanco. Escritor de silencios.

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