Hoy, mi publicación en este Cuaderno en blanco creador de historias, va a ir sobre el oficio de escritor (y escritora), sobre la confianza en uno mismo, y sobre emociones al respecto.
Comienzo ubicándonos. Recordemos que nos encontramos en una época en la que hay más publicaciones de novelas que lectores. Mucha, muchísima competencia, y un punto muy comercial que suele enfangar este noble arte de la escritura.
En este momento comercial a veces aparecen personas que, probablemente sin pretenderlo (quiero creer), pueden hacerte dudar de tu trabajo, de tu escritura y de tu buen hacer. Lo sé porque me ha pasado. Y no, no es solo el síndrome del impostor, ese síndrome que a veces nos visita a muchos en momentos inesperados, no. Hablo de personas reales que logran, en ocasiones, que te plantees si lo que haces es digno de ser leído. Puede ser un mensaje que recibas, algún comentario que te hagan en redes, o una reseña en la que aparezcan detalles que te hacen vacilar.
¿Te has encontrado en esta situación alguna vez? Yo sí, varias veces. Todos los momentos en los que he vivido esto tienen en común una gran sensación de desconfianza hacia mí misma que me nubla la razón. He llegado a dudar no solo de mis historias, también de mi técnica e incluso de mi estilo. Lo último ha sido dudar de mi corrección, a pesar de que este aspecto es algo que me obsesiona y me he formado en serio para ello.
Ayer me vi envuelta en un momento de desconcierto con mi última novela, Escucha el sonido del viento, en el que acabé sacando apuntes de escritura, ortografía, sintaxis, puntuación y mirando temas como el de “secuencias y palabras de difícil ortografía”. Esta sensación de incertidumbre e inseguridad no surgieron de la nada, claro que no.
Normalmente en estas ocasiones, como digo, suele haber alguien que te provoca estas emociones. En este sentido creo que soy muy afortunada, porque encontré lo que buscaba en mis apuntes, en enlaces de la RAE, y tuve algunas charlas con compañeros y compañeras de confianza que me dejaron muy tranquila. Además, por suerte sé distinguir la diferencias entre “opcional” y “obligatorio”, por ejemplo. Qué orgullosa me siento de ello. Y más orgullosa me siento de las personas que me rodean en este mundo de la escritura; todas suman, aportan, animan y me empujan hacia la luz.
No sé si a estas alturas de esta entrada andarás un poco perdido o perdida. Si es así solo voy a decirte una cosa: si tienes dudas, pregunta, examina tu texto, ponlo en manos de alguien de confianza, alguien que sepa lo que hace. Y cuando lo termines cree en ti y en tu obra. Confía, es fundamental.

Todos los creadores, escritores y artistas deberíamos recordar que las normas hay que cumplirlas, pero tan maravillosas como las normas son las licencias. Esto es lo que crea nuestro estilo y conforma nuestra voz.
Últimamente leo mucha novela contemporánea y he visto un montón de recursos interesantes que rompen con el encorsetamiento en la escritura sin ser incorrectos, solo distintos. Y me encanta.
Así que hago un llamamiento a la calma, a la tranquilidad, a leer centrándonos en la historia, las emociones, lo que sentimos. Esto no implica olvidarnos de la corrección, pero sí alejarnos de lo que nos encarcela, nos haría a todos iguales y a nuestras obras uniformes y vacías.
Y repito: confía.

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