Ana Sánchez Anguix


Valencia en 1993. Es filóloga hispánica e inglesa por la Universitat de València. En 2021 publicó su primer poemario, Veinticinco, en el que aborda temas como el paso del tiempo, el crecimiento y la construcción de la identidad, las luces y sombras de la infancia. En este mismo año resultó ganadora en su categoría en el Concurso Internacional de Poesía J. Bernavil, un certamen convocado por la editorial venezolana.

Fruto de este premio, autopublica en Amazon con el respaldo de dicha editorial un libro de haikus, Aquí en mi mano (J. Bernavil, 2022).

Recientemente ha publicado también su primer libro de poemas infantil, Bestiacedario (Baker Street, 2023). Como narradora, ha sido finalista del Certamen de Relatos Beatriu Civera, convocado por el Ayuntamiento de Valencia, en cuatro ocasiones.


¿Quién es Ana Sánchez Anguix?

Ana es una mujer que roza ya la treintena y a la que le apasionan la literatura y la escritura desde hace mucho. Escribir, que para ella comenzó mucho antes que su afición a la lectura (cosa que lamenta muy a menudo), es un prisma a través del que experimentar y entender hasta cierto punto lo que la rodea. La literatura le ofrece una mirada, un medio para expandir la realidad, pero también para demolerla y reconstruirla. Va mucho más allá de lo terapéutico; forma parte de quien es.

¿Qué te llevó a comenzar este camino creativo? ¿Y cuándo fue?

Comencé a escribir muy temprano, a los ocho años. Una de mis profesoras de primaria nos dio clases sobre poesía y nos animó a escribir y, si queríamos, a enseñarle nuestros poemas. Como buena empollona, cogí una libretita y me puse a explorar rimas y posibles historias. La experiencia me encantó: compuse poemas, letras de canciones, textos sin catalogación posible. Se los enseñé a la profesora y le gustaron. Comencé a decir que quería ser poeta y, aunque esa fiebre se pasó (como muchas de las profesiones que deseé ser en mi infancia), pronto, en la adolescencia, volvió como un bumerán. Y ese sueño se quedó ya para siempre.

Uno de esos primeros poemas infantiles que escribí forma parte de Veinticinco, como no podía ser de otra manera: fue un poema fundacional de mi yo escritora, pero también de mi yo como individuo. Fue el único texto que se conservó. En torno a mi preadolescencia, en uno de aquellos arranques típicos de los artistas en los que se reniega de toda la obra anterior, me deshice de la libreta. Muchos años más tarde me arrepentí. Habría sido una relectura muy tierna.

¿Cómo está siendo esta aventura?

Como muchas cosas bellas en la vida, tiene sus luces y sus sombras. Escribir me da más alegrías que tristezas, pero hay muchos momentos bajos, sobre todo de inseguridades y de procrastinación. En este sentido, las redes sociales hacen mucho daño, porque exacerban nuestras expectativas de éxito. Se postea solo lo bueno: “he publicado estos libros”, “ha habido pleno en la presentación”, “he ganado este concurso”. Nos olvidamos de que lo más frecuente es dar mil traspiés. De que hay miles de autores y autoras y es muy difícil destacar. A menudo tenemos una visión injusta hacia nosotros mismos de lo que verdaderamente es el éxito: likes, seguidores. Aunque la escritura es un camino de lágrimas y es muy fácil echar tierra sobre mi propio tejado, también me he sentido muy arropada por una pequeña comunidad de lectores y lectoras que me apoyan constantemente, abrazan mi literatura y me acompañan en esa especie de duelo que es la autoexigencia. En este sentido, escribir también está siendo un viaje de autoaceptación personal.

Mucho más amarga ha sido la experiencia de la publicación. Es importante que se sepa que publicar se ha convertido en otro nicho de mercado y que son muchas las editoriales que se aprovechan de escritores y escritoras (jóvenes y no tanto) ansiosos por ver su obra publicada, y hacen negocio de ello. Ya no solo hablo de la autopublicación (a menudo sin criterios de calidad, aunque, obviamente, no se puede generalizar; la mediocridad también se ve en algunas grandes editoriales), me refiero especialmente a la coedición, que ha sido mi experiencia. Las condiciones de publicación son las más de las veces desproporcionadamente duras: cuando buscaba editorial para Bestiacedario, una editorial llegó a pedirme que comprara más de 200 ejemplares (¿qué hago yo con tanto libro en mi casa, sin ninguna influencia o importancia en el mundo literario, ya ni hablar en el de las redes sociales?), y me prometían que los vendería. Algunas compañeras y compañeros de escritura me han hablado de otros casos, totalmente indignantes, que han llegado incluso a juicio. Muchas de estas editoriales ni siquiera acompañan al autor en la promoción de su libro; con Veinticinco me negaron asistir a ferias del libro porque no había realizado suficientes ventas. ¿En qué se ha convertido el panorama editorial? ¿De qué sirve buscar ese respaldo en un editor o editora si apenas hay diferencias con respecto a la autopublicación? Es todo un despropósito.

¿Cómo sueles enfrentarte al folio en blanco?

Antes era capaz de improvisar cualquier texto si me sentía con la necesidad de escribir, con escuchar música me bastaba para ponerme en un estado de ánimo concreto; ahora necesito partir de una idea ya premeditada. Generalmente, cuando me encuentro en mitad de una tarea o de una lectura o de cualquier otro evento social o de ocio me vienen frases, imágenes, algo que dispara esa posible idea para un relato o poema o futuro proyecto literario. Intento tomar nota enseguida y, cuando me siento cómoda, ya predispuesta, con la mente despejada y más o menos libre de autocensura o de crítica (la perjudicial para la escritura, quiero decir), me pongo a ello.

Un libro que cambió tu vida.

Final del juego de Julio Cortázar.

¿Qué es lo mejor y lo peor que te ha pasado como escritora?

Las mejores dos cosas: cómo me ha acompañado la escritura en mi crecimiento personal, en mi paulatino florecimiento como mujer, y las personas (otros escritores y escritoras, sin importar que aún vivan o ya no) que he conocido.

Lo peor: el desalentador panorama editorial y las inseguridades y miedos, el autoboicot.

¿Cómo promocionas tus obras?

Por redes sociales, como buenamente puedo, porque no soy precisamente una poeta influencer

Según he podido ver en tu obra, tus versos contienen una importante dosis de sensaciones y emoción. Una forma de recordar por los sentidos. ¿Cuánta realidad o ficción podemos encontrar en tus letras?

Me considero una poeta intimista, aunque intento huir de las etiquetas. Siempre he sido muy introspectiva y me gusta indagar en lo emocional, hacerme preguntas sobre lo que siento. Creo que los seres humanos somos seres profundamente emocionales y, como muchas cosas de nuestra creación, la literatura es sentimental, no puede concebirse sin emoción. De lo que sí puede prescindir (y debe, creo) es del sentimentalismo, de la emoción sin razón o, mejor dicho, sin un sentido, sin un significado. Cuando escribo, ya sea sobre mí o sobre otras personas (por ejemplo, en relatos), no puedo evitar partir de mi propia experiencia, aunque sea mínimamente, de una mera sensación. No existe literatura sin experiencia y, en cierto sentido, siempre guarda una parte de verdad: en eso consiste la ficción. Sin necesidad de ser real, puede (y debe) escapar de la mentira.

¿Tienes una rutina de escritura?

En muchos sitios se dice que debemos escribir diariamente, pero por cualquier razón eso no funciona conmigo. Lo que sí forma parte de mi rutina (o eso intento) como escritora es leer.

¿Crees que se puede vivir de esto?

Poder se puede, pero creo que ese, al menos en mi caso, no es el objetivo. Sí aspiro a obtener reconocimiento, pero no pretendo vivir exclusivamente de la escritura, ni obtener un gran beneficio económico. Trato de ser realista en esto.

¿Qué le dirías a tu yo escritora de hace unos años?

Le diría que se atreviera a recitar en los micros abiertos, que se rodeara de otras personas con inquietudes literarias, que nunca dejara de leer y de formarse, que asistiera a talleres de escritura, que confiara más en sí misma (y esto último también se lo digo a la Ana de ahora).

¿Y a alguien que quiera dedicarse a escribir?

Lo mismo.

Ahora me gustaría que me hablases de tus obras. Así que empecemos por el principio. Tu primer poemario, Veinticinco, se publicó a principios de 2021 y entonces publicaste en Instagram una fotografía del poemario a los pies de un árbol, mezclando sus raíces con las raíces que se ven en la portada. Una linda metáfora que invita a dejar crecer el poemario. En esa publicación escribiste: “Crecer es un juego que nunca se olvida, ni siquiera con más de veinticinco años”. ¿Es la niñez la semilla o las raíces que quedan? ¿Qué nos puedes contar de este poemario?

La niñez es la raíz de todo: nuestras aficiones, nuestros temores, nuestros sueños, nuestras manías… Yo con este poemario quería dar voz a la a menudo difícil transición de la infancia y la adolescencia al mundo adulto, especialmente cuando, por nuestra sensibilidad e inseguridades (hablo de mi experiencia, pero estoy segura de que no soy la única), ese paso se ha hecho aún más duro y lento. De todos modos, y esto también intenté abordarlo en el poemario, crecer no implica abandonar del todo la niñez, sino aceptarla, con sus luces y sus sombras.

En 2021 recibiste el Premio Bernavil 2021 por uno de tus poemas, lo que te dio la oportunidad de publicar Aquí en mi mano. ¿Qué nos puedes decir de esta obra?

La verdad es que la publicación de ‘Aquí en mi mano’ fue algo que no esperaba. El libro es una compilación de todos los haikus que había escrito hasta el momento y que eran, simple y llanamente, ejercicios de escritura. Hace muchos años hice un taller intensivo de este género y me encantó el potencial que este tiene para poner en práctica lo que podría llamarse la mirada poética. Pienso que escribir haikus es un buen ejercicio para trabajar la concisión y la construcción de las imágenes, y, muchas veces, cuando estoy en medio de un bloqueo de escritura, juego a observar lo que me rodea y a escribir uno o varios.

La mayoría de los haikus que hay en mi libro son sobre la naturaleza (los tradicionales), pero muchos otros parten de lo cotidiano, fundamentalmente en la ciudad, que es donde vivo. Muy pocos son introspectivos, aunque a veces me gusta jugar a ese reflejo romántico de lo íntimo en la naturaleza o, mejor dicho, a la visión de esa naturaleza mediada (o sesgada) por nuestra percepción, ya sea optimista, inquieta, angustiada… De modo que quede oculto tras el paisaje que se describe el cuerpo que lo avista.

Y en 2023 vio la luz Bestiacedario, un poemario que, como describes en una de tus publicaciones, está orientado a los más peques y con el que disfrutaste muchísimo al escribirlo. En él, además de tus versos, podemos encontrar ilustraciones de Mar Delgado.

¿Cómo surgió esta colaboración? ¿Qué te inspiró a escribir esta obra?

Mar Delgado es una de las editoras de Baker Street, además de ilustradora (de hecho, imparte talleres en Granada), por lo que cuando mandé el manuscrito propusieron que fuera ella quien lo ilustrara.

‘Bestiacedario’ se concibió como un poemario infantil, aunque puede leerlo quien quiera, claro está. Soy una enamorada de Gloria Fuertes y de los animales, y hacía tiempo que me rondaba la cabeza escribir una especie de “bestiario” para niños y niñas. No recuerdo exactamente cómo surgió la idea, pero cuando ocurrió tuve claro que quería que fuese un libro divertido, juguetón, que acercara a los más pequeños tanto la poesía como el amor por los animales, y traté que estos fueran menos conocidos, o quizá no tan explotados en la literatura. Me encantaría que la poesía se pusiese nuevamente de moda entre el público infantil, que los propios niños y niñas se animasen a escribir, y que la literatura fuera una gran fuente de entretenimiento y saber para ellos. Además, en ‘Bestiacedario’ he intentado que estén presentes ciertos valores, como la cultura del esfuerzo, la importancia de quererse a uno mismo, la igualdad, la amistad…

¿Tienes alguna anécdota que quieras compartir con nuestras lectoras y lectores sobre el proceso de escritura de alguno de estos poemarios?

Simplemente podría decir que todo proceso de escritura en el que me involucro es un subibaja de emociones: me enorgullezco, lloro, tacho, remiendo, río, rompo, me detengo, no paro, me inquieto, me culpo, me deprimo, me concentro, reposo, pregunto, descanso, dudo, remuevo, deshago, reescribo, me alegro. Lo normal, diría yo.

He visto que en tu poesía hay alguna referencia a los árboles, a sus raíces como origen de las cosas. Este vínculo con los árboles, con el entorno y la naturaleza en sí misma, también es un elemento esencial en el haiku, forma de poesía que podemos encontrar en tu segundo poemario Aquí en mi mano. ¿Tienes algún lugar especial al que ir para encontrar inspiración o para buscar algún momento de calma?

En verdad, mi lugar de calma es precisamente la escritura. A veces, aunque me encuentro mal anímicamente, pienso en cómo gestionar esa ansiedad o tristeza en un poema o relato, o incluso intento exprimir ese dolor, sacarle jugo literario. No es que esté obsesionada con la escritura (¿o sí?), yo más bien lo siento como una necesidad, es una forma de expresar y canalizar lo que me abruma.

También podría decir que mi lugar de calma son ciertas personas (mi familia, mis amigas, mi pareja) y animales (mi perra y peludos varios). En verdad, la inspiración puede encontrarse en cualquier parte (¡hasta cuando estoy en mitad de una corrección en la oficina!).

En cuanto al imaginario “vegetal” en ‘Veinticinco’, además de sentirme inspirada por la naturaleza, creo que hay un gran peso de la tradición literaria y del lenguaje a la hora de hablar de raíces, vínculos, paisajes emocionales. Me parece que, en ese sentido, la naturaleza se refleja naturalmente en mi escritura, valga la redundancia.

Si te pidiese describir un lugar ideal para escribir, ¿cómo sería?

Un lugar tranquilo, a ser posible silencioso o, en su lugar, un sitio donde pueda escuchar música que me ayude a concentrarme. Con conexión a internet y luz natural. Y sin gente merodeando (aquel momento en el que el profesor o profesora se paraba a tu lado mientras hacías un examen me parecía –y parece– terrible).

Uno de tus poemas en Veinticinco dice:

Todo el calendario
está
cayendo.

Solo queda
un tronco de astillas”

¿Qué importancia tiene el tiempo en tus versos?

El tiempo es un tema que me encanta, y en ‘Veinticinco‘ juega un papel fundamental, por razones más o menos obvias: habla de la memoria personal y familiar, de la nostalgia, del paso del tiempo y del crecimiento. Además, traté de concebir el libro con cierta circularidad; quise ir más allá de una experiencia del tiempo cronológica, como suele percibirse.

¿En cuál de tus tres obras te has sentido más libre para experimentar con tus versos?

Veinticinco‘. Obviamente, la libertad siempre tiene sus límites, y, aunque con respecto a la forma poética no sentí ningún tipo de atadura y, en ese sentido, fui libre de experimentar con el lenguaje (sin llegar a un punto de vanguardia), siempre se escribe dentro de una temática concreta (si lo que se quiere es construir un poemario, con cierta unidad de sentido y cohesión, y no una antología). El tema siempre debe acompañar a la forma y viceversa.

¿Cuál de los tres es tu favorito?

En los tres me he sentido cómoda, diría que sobre todo con el primero y el último. ‘Aquí en mi mano‘ ni siquiera planeaba publicarlo. ‘Veinticinco‘ fue el primer libro que terminé y publiqué, y en él ahondé en temas muy próximos a mi experiencia. Escribir ‘Bestiacedario‘ fue degustar un caramelo, liberar la imaginación y jugar a ser niña.

¿Qué consideras que ha sido lo más difícil hasta ahora?

Mantenerme ahí, ser constante en mi trabajo y resistir al autoboicot.

Ahora quiero dar paso a Claudia Pérez, autora y colaboradora de Un cuaderno en blanco, a la que pedí que preparase algunas preguntas para poder compartir este espacio contigo:

¡Hola Ana! La ilusión de poder entrevistarte es enorme, no solo como autora, sino también como persona. He intentado recoger, en cinco preguntas, algunos aspectos recurrentes dentro del viaje del escritor, no solo de influencias sino también la gestión emocional dentro del proceso creativo, que siempre está ahí y sabemos que, aunque suele ser muy gratificante, también puede ser muy dura. Voy con mis preguntas:

¿Hay algún escritor o alguna escritora que te haya impactado profundamente? ¿Ha influido en tu estilo de concebir tu escritura? Si es así, ¿en qué aspectos podrías mencionar?

Diría que los dos autores más influyentes para mí fueron Julio Cortázar y Virginia Woolf, quienes son, además, mis escritores favoritos. De Cortázar lo que más me ha impactado es el juego y la fantasía (no hablo de magos y elfos, sino del juego con la realidad, lo oculto y hasta lo metaliterario; es decir, del cuento fantástico). De Woolf me quedo sobre todo con su capacidad de introspección. Además, creo que ambos practicaron una escritura marcadamente lírica y, estéticamente, poética.

¿Has experimentado alguna vez el síndrome de la impostora? ¿Cómo lo has identificado y cómo te ha afectado? ¿Tienes alguna técnica o estrategia para vencerlo?

La verdadera pregunta es: ¿cuándo no he sufrido el síndrome de la impostora? La duda es mi kriptonita particular. Durante mucho tiempo (o lo que se ha sentido como un largo periodo de tiempo, al menos), he dejado aparcada la escritura debido a inseguridades y miedos. Hoy en día lo llevo mucho mejor. Un truco infalible es aceptar que la escritura, como cualquier arte, es un proceso constante de aprendizaje, y que, aunque siempre haya hueco para la mejora, lo importante es encontrar nuestra propia voz y sentirnos cómodas con ella. En este sentido, asistir a talleres o cursos literarios también me está ayudando mucho. Eso y mi encuentro mensual con mi psicóloga. Lo recomiendo cien por cien.

¿Sueles tener algún objetivo o mensaje cuando escribes y que quieres transmitir a tus futuros lectores? ¿Cuáles son los más recurrentes? ¿Por qué?

Creo que, como para muchos escritores, un objetivo muy importante es llegar a quienes nos leen, conmoverlos. Me gusta la literatura que acaricia y muerde a un tiempo, que te estremece por su belleza, pero también por su dolor, y (aunque parezca un topicazo) que te hace pensar. No hablo necesariamente de una reflexión metafísica o político-social (que también), sino de una reflexión sobre uno mismo, sobre lo que nos mueve o lo que nos frena.

El propósito de nuestra escritura tiene mucho que ver con lo que escribimos, claro, pero yo diría que estos son los más importantes para mí.

A la hora de escribir un poema, ¿qué proceso creativo llevas a cabo? ¿Y emocional?

Normalmente me ocurre, presencio o pienso algo que dispara la necesidad de escribir. Luego solo necesito un momento (o varios) de tranquilidad física o del entorno y de paz mental para ponerme a ello. Sé que en muchos sitios recomiendan practicar la escritura diariamente, pero yo no siempre puedo. Escribir siempre debe ser un gusto, no una obligación. Hay días en los que necesito distancia, muy necesaria, también, para la escritura.

Si te dieran a elegir a vivir en un libro, pudiendo ser incluso, alguno de los tuyos, ¿cuál sería? ¿Por qué?

Me encantaría ser la heroína de una novela victoriana o decimonónica. Adoro la literatura de esa época, especialmente la escrita por mujeres; algunos de los cambios de mentalidad que se dieron entonces y cómo fueron retratados en muchos personajes femeninos de la literatura (ya sean los ficticios o los de las propias autoras). Además, todo es bastante intenso, y como buena escorpio soy bastante aficionada a la intensidad.

Para terminar:

Una pregunta que te gustaría que te hicieran.

¿Te gustaría publicar con nuestra editorial? (Dicho de una medianamente importante, profesional y legal).

¿Podrías responderla?

¡SÍ QUIERO!

¿Dónde podemos leerte?

Tengo un blog, que no actualizo desde hace mucho (https://literaturaanasa.wordpress.com/), con breves ensayos sobre literatura, textos literarios propios y ajenos. También podéis encontrarme en mi cuenta de Instagram (https://www.instagram.com/anaxsanan/?hl=es); además de un poco de postureo literario, a veces subo vídeos en los que recito textos propios o de otros poetas.

Y, por supuesto, podéis encontrarme en mis libros: ‘Veinticinco’, ‘Aquí en mi mano’ y ‘Bestiacedario’. De todos ellos me quedan ejemplares, ¡os podéis llevar un librillo (o varios) dedicado por una servidora!

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