Aún dormía cuando llamaste a mi puerta. No esperaba a nadie, no tenía por qué esperar. Abrí, aún con el sueño  en mis ojos. Quedé paralizado por tu mirada. Mi corazón latía con fuerza, desbocado por tu sonrisa. Ese brillo en tus ojos me hacía sentir único. Separados por una barrera invisible, inexistente formada porSigue leyendo «Tú»